lunes, 24 de abril de 2017

Los verdaderos venezolanos.

    Para nadie es un misterio que Venezuela está pasando por tiempo difíciles, tengas la mentalidad que tengas, creas en lo que creas, vengas de donde vengas, cada quien vive dentro de su realidad. Sin embargo, hay un punto tangente que une la realidad de todos.
La identidad de los venezolanos no se basa en un papel plastificado que nos asigna un número. Se basa en las costumbres y los valores que poseemos. Eso que nos inculcaron desde niños en nuestras familias. Mi abuela me decía que los venezolanos eran personas “echadas pa’lante”, soñadoras, optimistas, inversionistas, que no dejaban que sus ideas fueran tomadas en vano, llenas de valores, esperanza y sobre todo con un gran corazón. Estos fueron rasgos que me obligué a poseer, ya que esas características y cualidades realmente me hacían sentir orgullosa de mi nación.
Mientras que iba creciendo, me di cuenta que sí existían personas así. Sin embargo, había una mayoría que no cumplía con todo eso que me habían mencionado. La descripción no concordaba con lo que notaba a mí alrededor, procuré seguir con la cabeza en alto y demostrando que el modelo de la mayoría no va con la realidad del venezolano. Aunque la verdad ese no es el punto inicial de este post, la pregunta es ¿Realmente vale la pena seguir siendo bueno en medio de valores tan distorsionados?    
El día de hoy (20 de abril de 2017) en las calles de mi nación corrió sangre, sudor y lágrimas. Todos buscando una mejoría o tal vez, intentando mantener una "estabilidad".
Cualquiera que sea el caso, es importante mantenernos cuerdos a pesar de que los llamados de los partidos políticos no son necesariamente la paz y la sobriedad.
Te hago una propuesta: Detente. Deja todo lo que estás haciendo y medita. ¿Realmente esta es la única salida? ¿Has actuado como un verdadero venezolano estos últimos meses/semanas/días? ¿Acaso no te das cuenta que el cambio en sí no se posiciona en un gobierno sino en tu mentalidad? ¿Dónde quedó ese amor fraternal que hay entre los venezolanos?
Recuerdo que cuando estaba un poco más pequeña, iba a reuniones con mi papá y notaba que todos apartaban sus diferencias para pasar una rato chévere, para solucionar conflictos, para demostrar que el amor vale más que todas nuestras fortalezas mentales porque al fin y al cabo somos hijos de la misma tierra. Nacimos todos viendo las maravillas que tiene y estoy muy segura que a todos nos criaron con ese sentido de pertenencia. Suspiramos al ver el Ávila, los médanos de Coro, el pico Bolívar y las playas de Margarita. Todos soñamos con vivir en un lugar donde el amor, la bondad, la hermandad y el respeto sobreabunden (o por lo menos eso deseo yo).
Entonces, lleguemos a una conclusión, no es bueno pagar mal por mal. Demostremos que somos todavía humanos y que dentro de nosotros hay tolerancia y una visión para un país mejor que incluya a cada uno en su diversidad. El testimonio cambia al mundo, tus acciones inspiran y transforman a los que te rodean.
Como diría un profesor (ni siquiera él recuerda de dónde saco la frase, así que lo cito a él): "El que no lee la historia está condenado a repetir los errores del pasado".
No cometamos el error de perder ese sentido hacia la humanidad, ese amor que nos caracteriza. No hagamos de las diferencias un caos.

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