lunes, 3 de julio de 2017

El odio que mora en los corazones.

     Toma alrededor de 15 segundos establecer un prejuicio mental acerca de una persona tan solo al verla, nosotros como jóvenes venezolanos creo que tardamos menos, y más si se trata de alguna “autoridad”, ya que estamos extremadamente ligados a la política.

     Hace unas semanas, un par de policías fueron a mi liceo a dar una charla de responsabilidad penal. Ahora puedes imaginar lo que nosotros (me incluyo) pensamos, y ni siquiera nos habían comentado sus nombres.

     Tardamos menos de un minuto en llenarnos de odio, y colocarnos a la defensiva de los oficiales porque estamos 24/7 siendo bombardeados por imágenes de policías reprimiendo a personas que piensan diferente, escuchamos (si es que no lo hemos vivido en carne propia) historias de ciudadanos robados por los que deberían protegernos y para muchos de nosotros todos los policías son malos, corruptos y sencillamente no tiene interés en ayudar a la sociedad.

     Pero a pesar de que estábamos llenos de odio nos dispusimos a “escuchar” que era lo que tenían que decirnos. Uno de ellos era un poco agradable, el otro no, era esta escena cliché del policía bueno y el malo, en el transcurso de su charla unas cuantas veces tuve que alzar la voz, porque sencillamente no estaba de acuerdo con lo que el policía estaba diciendo.

     Sin embargo, en algún momento callé y me dedique a observar, mirar a mis compañeros, ver si sus acciones transmitían la molestia que yo podía sentir, y fue confirmada mi teoría, la habitación estaba llena de odio, muchos esperaban que el policía callara para poder reprochar, y otros solo bloqueaban todo lo que el policía estaba comentando.

     Me di cuenta que había caído muy bajo, me estaba convirtiendo en una de las cosas que más detesto, me estaba convirtiendo en una persona que generalizaba todo, una persona que es rápida para juzgar sin ser nadie para hacerlo, y aun así no lo estaba tomando en cuenta, a pesar de que ya lo había notado.

     Tomé una bocanada de aire y más allá de caos que se estaba presenciando en la habitación, me obligue a colocarme en una posición neutra, y comencé a intervenir de nuevo, pero mi perspectiva era más centrada; y más allá de que terminé convirtiendo mi mensaje de odio en una reflexión bilateral intenté dejar un mensaje claro.

     Una de las diversas causas de la situación de la nación, a pesar que todas residen en la mente y se convierten en acciones y situaciones, es que estamos acostumbrados a generalizar todos nuestros pensamientos, estamos acostumbrados a ver las cosas desde una sola perspectiva (la que nos conviene), y eso cada día nos hace menos humanos, menos sentimentales, y más racionales.

     Tal vez los policías eran buenas personas, son de los que apuestan por una mejor Venezuela o tal vez eran unos de esos que vemos reprimiendo, pero a pesar de eso no soy nadie para juzgarlos sin saber ni siquiera cómo son, o cómo se comportan ante su trabajo.

     Como mi profesora de física diría “que todos los demás sean porquería no significa que debes ser igual que ellos para hacerlos entrar en razón”.


     Así que hoy quiero invitarte a que tomes un break de tus pensamientos, y veas la cosa desde otra perspectiva para que de esta manera como humanos comencemos a colocarnos en los zapatos del otro, antes de opinar y juzgar a los demás 

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